
(Fotografía: Wikipedia)
En el centro de Florencia, en la Basílica di Santa Croce, está la tumba de Dante. La tumba está vacía.
La razón forma parte de un complicado enredo de intereses políticos y personales que comenzó a principios del siglo XIV, cuando la guerra entre los Güelfos Blancos y los Güelfos Negros. Aunque nunca se ha demostrado que Dante tomara partido, él mismo se exilió en Verona.
Tres años después, fue concedida una amnistía, para tener derecho a la cual los exiliados tenían no sólo que pagar una importante suma de dinero sino someterse a un consejo público en el que se les reconocería como delincuentes públicos. Dante no quiso pasar por esta vergüenza, y sólo después de la guerra consiguió que se le conmutara la pena de muerte por la de prisión a condición de que volviera a Florencia a jurar que jamás que volvería a pisar esa ciudad. Dante no acudió, y su condena de muerte fue ampliada a sus hijos.
Dante se sentía florentino y su exilio fue una tortura para él, por lo que siguió esperando durante años un perdón que jamás llegó.
En 1318, el príncipe Guido Novello da Polenta le ofreció un puesto diplomático en Rávena, donde
Dante encontró seguridad económica y la serenidad necesaria para terminar su Paraíso. Poco después, murió en esta ciudad, siendo enterrado en la iglesia de San Pier Maggiore (hoy de San Francisco de Asís).
Hasta el siglo XIX no reivindió Florencia la figura de su hijo Dante, construyendo la tumba que hoy existe en la Basilica de la Santa Croce, a donde sus restos jamás fueron trasladados. Esta es la razón de que la tumba de Florencia esté vacía y de que el poeta que caminó por el infierno, el purgatorio y el paraíso, tenga dos tumbas, una vacía en su patria, con la leyenda Onorate l’altissimo poeta (Honrad al más alto poeta), y otra donde sus restos descansan lejos de la tierra que amó.
La razón forma parte de un complicado enredo de intereses políticos y personales que comenzó a principios del siglo XIV, cuando la guerra entre los Güelfos Blancos y los Güelfos Negros. Aunque nunca se ha demostrado que Dante tomara partido, él mismo se exilió en Verona.
Tres años después, fue concedida una amnistía, para tener derecho a la cual los exiliados tenían no sólo que pagar una importante suma de dinero sino someterse a un consejo público en el que se les reconocería como delincuentes públicos. Dante no quiso pasar por esta vergüenza, y sólo después de la guerra consiguió que se le conmutara la pena de muerte por la de prisión a condición de que volviera a Florencia a jurar que jamás que volvería a pisar esa ciudad. Dante no acudió, y su condena de muerte fue ampliada a sus hijos.
Dante se sentía florentino y su exilio fue una tortura para él, por lo que siguió esperando durante años un perdón que jamás llegó.
En 1318, el príncipe Guido Novello da Polenta le ofreció un puesto diplomático en Rávena, donde
Dante encontró seguridad económica y la serenidad necesaria para terminar su Paraíso. Poco después, murió en esta ciudad, siendo enterrado en la iglesia de San Pier Maggiore (hoy de San Francisco de Asís).Hasta el siglo XIX no reivindió Florencia la figura de su hijo Dante, construyendo la tumba que hoy existe en la Basilica de la Santa Croce, a donde sus restos jamás fueron trasladados. Esta es la razón de que la tumba de Florencia esté vacía y de que el poeta que caminó por el infierno, el purgatorio y el paraíso, tenga dos tumbas, una vacía en su patria, con la leyenda Onorate l’altissimo poeta (Honrad al más alto poeta), y otra donde sus restos descansan lejos de la tierra que amó.




