viernes, 19 de junio de 2009

El tiempo recobrado

El viajero pasional llega a una edad en la que, sin perder el respeto a Proust, salta directamente al último volumen de la colección para recobrar el tiempo que sabe que no debería perder(se) buscando el camino largo, sobre todo si apenas dispone de tiempo y existe un atajo hacia la X que marca el lugar. Así, un trasbordo puede convertirse en todo un viaje, una espera en una estancia y, si tiene que pasar 28 horas obligadas (por ejemplo) en Madrid, cogerá el atajo necesario para no mustiarse en una estación o en una habitación de hotel. El único suicidio permitido si uno pretende dejar que se le mustie el tiempo es sentarse en una terraza con un buen libro.

El pasado fin de semana tuve que pasar 28 horas en Madrid por obligación. Haciendo uso del móvil –porque últimamente nunca llevo reloj– y con el plano del metro en la mano, decidí revivir mis mandamientos de recobrar tiempos perdidos, acelerando el paso en los caminos para destensar el tiempo en los lugares adecuados.

Entre otros lugares donde perder el tiempo en solazar la vista y el espíritu, el viajero pasional puede acercarse a La Casa Encendida, uno de esos milagros que aúnan arte y público, donde encontrará, por ejemplo, una exposición llegada del MoMA, una colección de 500 retratos de Nueva York, ilustraciones de un siglo que ha convertido a esa ciudad gris en sus sombras, rectilínea y deshumanizada en sus números, en un mito romántico, acogedor en su blanco y negro, pleno de una humanidad diversa y apetecible. Allí estaba alguna de las fotografías de pies de Lisette Model, algunos Cartier-Bresson, retratos que Irving Penn hizo de Jerome Robbins, Igor Stravinsky... y una reproducción de un retrato de grupo realizado por Jacob August Riis llamado Nido de maleantes. El nombre lo dice todo. Aquellos tipos duros sugerían historias para más de un relato.

El viajero pasional mira librerías, pero siempre acaba comprando lo que menos espera. En esta ocasión, tomó el metro hasta Fuencarral para acabar en El Bandido Doblemente Armado, una cafetería que toma el nombre de una novela de Soledad Puértolas y que atiende su hijo, el también escritor Diego Pita. Es un sitio único, recogido en el exterior, con su escaparate de librería que nos sorprende al entrar convirtiéndose en bar. Al fondo hay una librería, atendida por el propio Diego, atento y abierto a atender las dudas del lector comprador que desee comprar un libro aunque sean las dos de la madrugada. La hora era más temprana, y aproveché para rebuscar en las estanterías, ejercicio en el que siempre acabo llevándome a la caja más libros de los que pensaba. Encontré uno de segunda mano (¡sí, también tiene libros usados!) de David Lodge que no había leído, pero se me había antojado uno de E.L. Doctorow: Ragtime, que había visto en el escaparate. Diego me dijo que estaba fuera de imprenta y no dudé en que tenía que llevármelo. Justo entonces me acerqué a la mesa y allí estaba, un librito de cuentos, un insólito bestiario escrito por el propio Diego Pita, que no te lo recomendará por pudor de autor, pero que allí estaba, a la vista, tentando al visitante pasional. No lo pude evitar, lo cogí y le pregunté con sorna si me lo recomendaba, a sabiendas de que no iba a tener otro remedio que llevármelo.

Después, como premio, me senté en la parte correspondiente a la cafetería del local, donde pude resarcirme del calor con un enorme té moruno helado que el barman adornó con una aromática ramita de hierbabuena, y la música, espectacular. Saqué mis libros recién adquiridos y me recosté en la silla a dejarme sorprender por las primeras páginas de Ragtime, habiendo saciado dos de mis predilecciones, los libros usados, de los que algún día hablaré, y los libros firmados.

Al día siguiente, contando las horas para tomar el tren, cumplí con la visita de al Caixa Forum, tan útilmente cercano a Atocha, que siempre cuenta con alguna exposición interesante, y me dejé caer por la Feria del Libro de Madrid, aunque, como suele ocurrir, al viajero pasional este tipo de acontecimientos tan magnificados, con sus trescientas y pico casetas, le producen una especie de Síndrome de Stendhal que da como resultado que vuelva con las manos vacías. Menos mal que siempre queda la Cuesta de Moyano, más asequible en precio y en títulos, donde uno puede recuperar algún clásico por poco dinero o encontrar libros que jamás imaginó que existieran, en el misterio de sus casetas gris rata.

Por último, el viajero pasional siempre vuelve con lo más valioso en la maleta, algunas ideas y algunas líneas garabateadas que darán lugar a más líneas y más páginas y más historias con que saciar el ansia de escribir. En ello está.

6 comentarios:

Mónica López Bordón dijo...

un día y un viaje estupendo, de esos que se paladean.

a mí también me gusta El bandido doblemente armado, tiene algo especial.

Besos
Mónica

almodhena dijo...

hola que tal! permítame felicitarlo por su excelente blog, me encantaría tenerlo en mi directorio y tambien tengo un blog relacionado a turismo .Estoy segura que su blog sería de mucho interés para mis visitantes !.Si puede sírvase a contactarme almodhena099@gmail.com

saludos
almodhena

Laura dijo...

Tu viaje, me ha hecho recordar "la sombra del viento" y su cementerio de libros olvidados, aunque estos, al parecer están muy presentes.

Un blog estupendo. :)

Fermín Gámez dijo...

Vengo aquí primeramente a agradecerte tu comentario en Volviendo a lo de ayer y por otro lado el hecho de que hayas seguido Contrapoeticam.
Y en el gesto de agradecerte ambas amabilidades, me encuentro gratamente con un blog lleno de calidad.

Saludos.

MBI dijo...

Tb yo estuve en la librería-cafeteria el otro día, tb yo leí el libro hace ya mucho tiempo y lo recorde allí, mientras hacía tiempo.Tb yo ya he regresado de Madrid, tb yo hoy he encontrado tu blog...
?
La vida es un círculo?

Albert Lázaro-Tinaut dijo...

Gracias por haberte añadido a mis seguidores. He vinculado tu blog al mío para que mis lectores compartan tus anhelos viajeros con los míos.
Saludos desde Barcelona.