sábado, 14 de noviembre de 2009

Peter Pan en los Jardines de Kensington

Como protagonista principal de su propia historia, el Viajero Pasional busca siempre un escenario donde revivir los capítulos que le emocionaron mientras “vivía” historias ajenas. La primera vez que estuvo en Londres, diez años atrás, buscó (debo decir infructuosamente) el paso de peatones de la portada de Abbey Road y desistió de hurgar en los callejones donde Sherlock Holmes recopilaba pistas sobre los casos más infrecuentes (o simplemente recalaba en algún sórdido tugurio para ponerse hasta arriba de opio) porque el escenario pedía una hora más tardía. Para mayor castigo, el Viajero huía de ese Moguer donde suenan los cohetes, con su estruendo agotador, desde el Domingo de Resurreción hasta el de Ramos y se encontró con el fin de semana en que los londinenses recuerdan a Guy Fawkes, aquel visionario que decidió tomarse la justicia por su mano y, en lugar de hablar mal del gobierno, se acercó por allí y les puso una bomba. No deja de resultar curioso que celebren este tipo de cosas. Parcialmente, el comic V de Vendetta se basa en esta historia.

Pero lo que más dolió al Viajero Pasional fue encontrarse de bruces con los Jardines de Kensington y darse cuenta de que no llevaba encima ningún ejemplar del libro en el que nace Peter Pan.

Cuando Disney dibujó su película en 1953 se basó en el libro Peter Pan y Wendy (1911), pero el personaje no “nació” ahí sino mucho antes. En 1902 aparecía en el cuento El pajarito blanco, después en la obra de teatro Peter Pan o El niño que no quería crecer (1904), en la novela Peter Pan en los Jardines de Kensington (1906) y en Peter Pan y Wendy, génesis de la película de Disney, quien tomó la idea, sin embargo, de otra anterior. Herbert Brenon ya había dirigido un largometraje sobre Peter Pan y Wendy antes que lo hiciera Disney.

Pasear por los Jardines de Kensington requiere explicar la diferencia entre lo que los ingleses denominan “jardines” y el concepto que nosotros tenemos de ellos. Para los británicos, un jardín es un lugar donde las plantas crecen según la naturaleza les dicta. El ejemplo contrario y clarificador serían los jardines franceses, en los que el paisajismo requiere de líneas, geometrías y juegos de color, para lo cual las flores se agrupan y los arbustos se recortan y modelan, algo que en un jardín inglés no se concibe. A pesar de todo, los Jardines de Kensington son un escollo de civilización entre todos los jardines ingleses.

Hubiera cabido la emoción de recorrer este parque imaginando que aún hay chicos que juegan al cricket (a los dos tipos de cricket) o soñando que es esa hora en que las verjas cierran y las criaturas del bosque urbano cobran vida, los árboles charlan, las hadas vuelan sin pudor y en la isla que hay en medio de la Serpentina, llamada la Isla de los Pájaros, se puede ver cómo inician el vuelo esos pajarillos que nacen allí cada día y echan a volar hacia el Mundo Real para convertirse en seres humanos. El Viajero Pasional se detendría en la otra orilla pero no se le ocurriría, no, hacer un barquito de papel con un billete de cinco libras, como en el libro, para echarlo a navegar hasta la isla. Allí vive Salomón Graznido, que recibe las cartas-barcos de papel de las madres que le piden niños. “Ellas piden siempre que les envíe el mejor, y si a él le gusta la carta, pues les envía uno de primera clase, pero si la carta le cae mal, entonces les envía el más raro que haya en el lote. A veces no envía nada en absoluto y, otras veces, envía una nidada completa; todo depende del humor en que lo pillen. A él le gusta que dejen todo a su elección y si se le insinúa claramente que esta vez sea un niño, seguro que manda otra niña. En todo caso, tanto si la petición es de una señora como si es de un niño que quiere una hermanita, hay que poner bien clara la dirección. No sabéis la de veces que Salomón la ha armado buena enviando niños a direcciones equivocadas”. Allá en la isla nació Peter Pan, rebelde desde el primer día, pues con una semana de vida dejó la casa de su madre y volvió volando a la isla, pensando que es aún un pájaro...

Lean cuanto quieran o paseen sin hacer nada por los Jardines de Kensington. Pueden buscar la Casita, la única que las hadas han construido para los humanos o el pozo donde Maimie se escondió. El Viajero Pasional les recomienda que se tomen su tiempo, aunque piensen que lo pierden, y que aprendan de las costumbres de los pájaros. “Esto es: a disfrutar con sencillez, por ejemplo, y a estar siempre haciendo algo, y a pensar que sea lo que sea que esté haciendo, se trata de una cosa importantísima”.

Los Jardines de Kensington en la época de James M. Barrie.